LECTURA EN VOZ ALTA

 

La lectura en voz alta es una variante de la comunicación oral. No se trata de una situación de lectura: es una comunicación que se basa en la lectura. Sólo puede ocupar en el itinerario del aprendizaje de un niño un segundo lugar en relación a la lectura.

 

Leer en voz alta es una actividad difícil que exige, no solamente la comprensión previa del texto leído, sino también una toma de conciencia de dicha comprensión. Es una actividad interesante, rica, complicada que debe constituir el objeto de un aprendizaje específico a partir del segundo ciclo de Primaria, pero cuya presencia en los primeros niveles puede ser inoportuna, además de inviable en la práctica.  

 

Cuando se pide a un lector incipiente que lea en voz alta sólo puede llevar a cabo una actividad de oralización, o sea, de transformación mecánica de signos escritos en signos sonoros.
Oralizar, actividad escolar por excelencia, no representa ni leer ni leer en voz alta.

 

 

 En la lectura en voz alta el lector dice lo que previamente ha comprendido. Se observa entonces una disociación entre la dicción y los movimientos oculares, precediendo netamente estos últimos a la primera. En el momento de la dicción la mirada se dirige a la audiencia, a quien se dice lo que se ha leído una fracción de segundo antes.

 

La oralización consiste en decir lo que se ve en el momento en que se ve: movimientos oculares y dicción son indisociables e, interfiriéndose mutuamente, producen una enunciación fragmentada característica de la lectura escolar. Es importante impedir siempre que el niño oralice, incluso muy tempranamente, e invitarle en cambio a comprender antes de decir, y a decir únicamente aquello que ha comprendido. 

·         Aprender a leer significa aprender a construir sentido en relación a un proyecto.

·         Aprender a leer en voz alta significa aprender a utilizar las lecturas como contenidos posibles de comunicación oral.

Oralizar al tiempo que se lee produce el efecto de restringir el campo perceptivo, debido a que el ojo, ralentizado por la palabra, limita su percepción a los signos que hay que pronunciar de inmediato. Un aprendizaje oralizado constituye pues el peor punto de partida que se pueda concebir.

 

Con Ángel Suárez Muñoz creemos que habría que hablar de comprensión e interpretación en la lectura silenciosa –la meramente visua– y de comunicación en la lectura oral –oralización.

 

Cuando se abusa de la oralización se da pie a que el alumno interiorice que leer es sólo pronunciar y entonar y, preocupado por escucharse para no cometer errores, se olvide de la comprensión. Está leyendo para otros, sin enriquecerse del acto lector ni disfrutar con él. Con el paso del tiempo se creará una dinámica de aprendizaje preocupante: acostumbrado a oralizar, el niño no será capaz de estudiar si no es repitiéndose en voz alta «las lecciones», lo cual retardará y dificultará la interiorización de los conceptos.

 

Oralizando se retrasa la asimilación porque el lector tiene que repartir su concentración y su esfuerzo entre la decodificación y la comprensión. Lo grave es que cuando el lector logra leer silenciosamente tampoco realiza una actividad eficaz porque subvocaliza casi imperceptiblemente, continuando con su lectura deficiente y poco comprensiva.

El profesor Suárez Muñoz propone este esquema: 

 

Lectura en voz alta

Lectura silenciosa

Función

comunicación

interpretación

Órganos intervinientes

ojos + fonadores

ojos

Ritmo

el del habla

el de la comprensión

Naturaleza

colectiva y pública

individual e íntima

Se centra en

significante

significado

 

 

 La lectura en voz alta –entendida como un acto de comunicación expresiva– requiere que el oyente no posea delante el texto porque entonces se producirían dos efectos negativos: 

·         no escucharía;

·         su propia comprensión se vería dificultada por el «ruido» que produciría su compañero al leer en voz alta.

 

De una lectura en voz alta en la que el público posee el texto se pueden derivar tres situaciones paradójicas y esperpénticas: 

1.       Los alumnos que tienen un nivel de lectura elemental se sienten mal porque no son capaces de seguir el ritmo de quien les lee.

2.       Los que poseen un nivel de lectura mejor que el lector-oralizador, se pierden movidos por el aburrimiento –ellos van más rápido– y no comprenden bien porque su concentración se obstaculiza por la sonorización de su compañero.

3.       Sólo aquellos oyentes que están en el mismo nivel lector (si eso es posible) que el colega que oraliza, podrán sentirse medianamente cómodos.

 

La lectura expresiva puede ser un magnífico ejercicio de comunicación oral, ya que el lector aprende a intervenir en público sin miedo e incrementa su competencia en expresión oral. Además, como oyente aprende a escuchar con respeto, crítica y activamente.

 

La lectura expresiva requiere un minucioso periodo de preparación, ya que es una especie de representación. Por otro lado, es prioritario que se realice una pausada y cuidadosa selección de textos procurando que sean adecuados al nivel intelectual de los niños y a sus intereses y capacidades de comprensión y escucha.

 

A la hora de planificar una didáctica eficaz de le lectura expresiva es preciso contemplar un periodo riguroso de modelado en el que lectores eficientes –no sólo el maestro– muestren de modo práctico cómo se debe realizar la lectura oral comunicativa y expresiva de textos de diversas características (en tipologías, extensión, intenciones, tonos, etc.).

 

El papel de la familia en la didáctica de lectura expresiva también es importante porque cuentan con la gran ventaja de poseer unos vínculos afectivos estrechos con sus hijos, lo cual mueve a estos a desear imitar los comportamientos paternos. Los padres que leen a sus hijos con entusiasmo –llevando a cabo la lectura de regazo de la que habla el profesor Quintanal– están sembrando su imaginario lingüístico con una experiencia inimitable de «didáctica del sentimiento».

 

La adquisición de la técnica de la lectura expresiva –nos recuerda el profesor Suárez– debe ir de la lectura oral a la expresiva, pasando por la silenciosa, trabajándose tres aspectos estrechamente vinculados a la comunicación oral:  

·         La optimización de la articulación de todos los sonidos.

·         La corrección de errores fonadores: adiciones, omisiones, sustituciones, regresiones y repeticiones.

·         La entonación –lingüística y emocional– que aporta sentido y expresividad a la lectura y que un aspecto de la didáctica de la lectura lleno de complejidad.

 

La evaluación de la lectura en voz alta no se realizará en «pruebas» específicas (que provocarían la desconcentración del lector al sentirse observado y evaluado), sino que se llevará a cabo de un modo continuo y prácticamente imperceptible para el lector; de modo será realmente una valoración objetiva al observar al lector en la producción espontánea y natural de su lectura expresiva.

Kepa Osoro